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Dos escenarios peruanos, la ciudad de Piura al lado del desierto y la pequeña localidad de Santa Maria
de Nieva surgida alrededor de una misión religiosa en la selva amazónica, constituyen los dos
mundos narrados en esta novela de cuatro partes, más un epílogo. Cada parte consta de un
prólogo y de varios segmentos narrativos poblados de tribus muertas de hambre, de guardias
civiles corruptos, de monjas perniciosas, y de prostitutas explotadas. Los personajes principales
de la novela, Bonifacia, una mujer indígena que vive en la misión cristiana; Fushía, un contrabandista de pieles y caucho; y las habitantas y visitadores de La casa verde, el prostíbulo de Piura, separan los escenarios con sus distintos lenguajes: el lenguaje cristiano de la misión, el lenguaje oficial de los guardias civiles, y el lenguaje popular de la Mangacheria.
Este mosaico de voces está presentado desde distintos puntos de vista. La voz de un narrador
omnisciente se mezcla con las perspectivas exteriores e interiores de los personajes, a la vez
que se entrelazan con las voces de testigos secundarios. Asimismo, los segmentos narrativos
se desplazan y se superponen en el plano temporal sin seguir un orden cronológico.
Mario Vargas Llosa ha mantenido la técnica de entrelazar diálogos, que ya manejaba en sus
primeras novelas, como marca de toda su obra artística. Otra marca inconfundible de la obra
del autor es su convencimiento del poder de la literatura para denunciar injusticias sociales.
La casa verde proclama una crítica devastadora a dos de las estructuras de poder en Latino
América a mitad del siglo XX: la iglesia y el cuerpo de la guardia civil.
Vargas Llosa tenía apenas veintinueve años cuando escribió La casa verde, y aunque había
tenido
un gran éxito con la publicación de Los Jefes en 1959 y La ciudad y los perros en 1963,
se legitimó con La casa verde como uno de los autores canónicos del movimiento literario
privilegiado del ‘boom’, que consagraba la literatura latinoamericana en el canon universal.
La casa verde ganó el Premio de la Crítica en España el año 1966, el Premio Rómulo
Gallegos en Venezuela el año 1967, y el Premio Nacional de Novela en Perú el año 1967.
El autor peruano tiene en mente a un lector culto que entiende los guiños a la tradición
regionalista al reescribir la temática local con las innovaciones estéticas y narrativas del
canon occidental en La casa verde. Vargas Llosa ha mencionado a William Faulker y a
Gustave Flaubert como sus fuentes para esta novela. La falta de una voz unívoca es el
recurso faulkeriano que más destaca en La casa verde, y el recurso flauberiano más acusado
son los diálogos entrecruzados. Curiosamente, Vargas Llosa no ha mencionado a
autores latinoamericanos como sus fuentes, a pesar de que los guiños a la tradición
regionalista en la novela son ineludibles.
En 1969 Vargas Llosa formula el concepto de novela total en un artículo sobre la novela
de caballerías catalana Tirant lo Blanc. Para Vargas Llosa, el novelista debe tener un
control total del mundo novelístico, es un mediador de la realidad externa para convertirla
en un mundo ficcional autónomo. La ambición de la novela total es la de abarcar un conocimiento
universal y enciclopédico de la condición del ser humano. Sin duda, Vargas Llosa tuvo ya en mente
este concepto de novela durante los tres años que dedicó a escribir La casa verde.
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