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Viaje al fin de la noche es una novela tan vomitiva como interesante. A lo largo de cientos de páginas, descubrimos el día a día de Ferdinand Bardamu: un rara avis que deambula por medio mundo sin llegar a ninguna parte. Bardamu, participa en la I guerra mundial una tarde que pasaba por ahí. Desde el frente, narra el conflicto de manera estúpida, cómica, real, como le da la gana.
Prosigue sus desventuras por una África colonial, donde se pudre entre tanta suciedad animal y humana. Antes, había viajado en un barco, donde casi le matan por convertirse en el único pasajero que había pagado el billete... Llega a Nueva York, donde el espectáculo urbano, y la energía de la ciudad le desesperan. Cree que se pierde algo, una fiesta, una vida que se desarrolla delante de sus narices, pero no puede entrar. "Mírame por favor, te quiero": acaba diciéndole a una camarera, desesperado. También en EEUU, se mezcla con inmigrantes (paletos yugoslavos en Detroit) ama a mujeres dulces, le hacen sufrir otras, saca su lado misógino...
Al final, siempre regresa a la plaza parisina de Clichy para llegar a su barrio triste, caótico, marginal... aunque siempre es París.
Se hace médico, lo que le hace integrarse mejor con el resto. Cura a parias que lo detestan porque el Doctor Ferdinand "no nos cobra nada".
Lo persigue por todos lados, su amigo Robinson; un tipo casi tan sórdido como él (porque en realidad es otra vez él) Robinson, mata a una vieja por encargo de un matrimonio que quiere cobrar la herencia. Huye a Toulouse, donde una chica quiere casarse con él. Bardamu acabará reuniéndose con su amigo. Todos van a la verbena, se divierten y sufren los celos de la novia de Robinson: una histérica que quiere cambiar a un hombre que no es de este mundo. No hay nada que hacer.
Ferdinand, trabajará también en un hospital, más bien un manicomio, donde lo enchufa su amigo Parapine: un hombre que pronuncia dos frases cada tres meses. Todo acabará con el asesinato de Robinson a manos de su novia. Ferdinand, toma a su amigo en sus brazos antes de que fallezca. No siente pena ni tristeza, siente rabia, más bien, odio.
¿Qué decir de esta novela? Para unos, son las palabras de un enfermo, de un loco. Para otros, es una obra de arte. Cada persona que la lee tiene una versión diferente: buen síntoma.
Tal vez, lo que no puedan soportar algunos es que Céline penetre en las entrañas del ser y el estar; nos agujeree los huesos y nos chupe toda la sangre, quedando la nada; lo que somos. Céline dice lo que hay y eso siempre es doloroso. Descubrir que somos débiles, indefensos, inseguros, embusteros. Y es lo que pasa. Le da igual entrar en el confesionario de la vida y gritar a viva voz la mierda que nos rodea por todos lados. Sólo nos queda la mentira: "Mentir o morir", llegará a decir. La vida es para actores, quien mejor actúa, gana. Quien mejor tapa la mierda, vence.
Podríamos volver al teatro de la vida y censurar las cargas machistas del libro, su obscenidad, racismo a veces, y lo nauseabundo que puede llegar a ser. Pero todos estos "defectos" y sería ridículo negarlo, están en mayor o menor medida en todos nosotros. No significa que seamos malos o mierdas, somos humanos.
Desde el punto de vista técnico, Céline no se complica. La novela es más bien un diario, escrito por tanto, en primera persona. A pesar de que el personaje se llame Bardamu, sabemos que es Céline. Es casi una autobiografía, donde el autor no tiene que inventar tramas, dramas o hilos argumentales. Se trata de la tarea tan sencillamente compleja de narrar la vida, su vida. Sin embargo, Céline es mucho más ordenado de lo que parece. Basta tomar una lupa y fijarse en su prosa para comprobar, como mantiene una estructura narrativa más organizada de lo que a priori creemos
¿La clave dinámica del libro?: La experiencia vital del personaje. Ocurre cuando un "ojo peculiar" cuenta lo que ve alrededor sin pelos en la lengua.
Y eso que Céline se deja arrastrar por el clásico pesimismo francés, pero manteniendo encendida a lo largo de todo el libro la chispa de su amargura vital, su tragicomedia personal, el sadismo, la abominación, el desprecio, la compasión, el fracaso. Nosotros.
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