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Henning Mankell no es un escritor de novela policíaca al uso (en el sentido de Hammett, Lowry, etc), sino un muy buen escritor de novela-thriller, o sea más bien al estilo de PD James, por ejemplo, sólo que "a la sueca", tipo Lars Gustaffson o el propio Bergman: lento y espeso pero acogedor.
El personaje central del inspector Wallander está vivo y es entrañable; las docenas de personajes secundarios, en la mayoría de los casos, también. La narración se nos cuenta a través de los ojos de Wallander, salvo en tres o cuatro cortes que actúan como "cortinillas" de la acción, en los que el narrador se agarra al personaje ejecutor para hacernos saber algo más que la policía y hacernos más comprensible la labor dispersa y dificilísima de una jefatura provinciana en una situación tan dramática.
La novela está llena de impagables detalles cotidianos (como el pillar un lunes a un compañero de trabajo rompiendo un billete caducado de lotería), y utiliza el horrible otoño de Escania (al sur de Suecia), con sus mañanas de escarcha helada, su viento gélido y el cielo permanentemente cubierto, como metáfora de situación. El final deja algún cabo suelto, o no del todo atado, pero ello no desmerece prácticamente las 600 páginas previas.
En fin, un buen libro para quien quiera alguna que otra emoción fuerte y para quien no se haya enterado de que Suecia no es siempre la perfecta socialdemocracia que aparenta ser.
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